El que sabe amar usa el sexo como un instrumento de castigo,
es el más sádico , el más dulce y tierno
hipnotizado por los poros nuevos,
distingue el temblor de tus piernas,
mantiene la intimidad aquí ,
entre "el tú" y "el yo",
en ese espacio donde el aire desaparece.
Perfuma con cariño las muestras de lujuria ,
disfraza los "te quiero" con dolor y soledad
convierte las caricia en consuelo de la muerte
y es en la muerte donde termina su ansiedad.
Lleva en la boca un sueño sonriente, blasfemo,
abanica la pasión con sábanas limpias,
semilla de fuego que despierta en tus entrañas,
justo aquí, debajo de tus pechos y sobre tu ombligo,
aquí,
en este beso condenado a tu recuerdo,
en este juego perverso del amor.
Antonio Alvamar